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DINK (Double Income No Kids - doble ingreso, no hijos)

Se les llama ‘dinkys’: pareja jóvenes, sin hijos, que perciben doble ingreso y que están dispuestas a invertir en sí mismas.

El término dinky, que fue acuñado para hablar de un nuevo segmento de consumidores compuestos por parejas jóvenes (casadas o en unión libre), entre 25 y 35 años con un trabajo bien remunerado y sin intenciones de tener hijos en lo inmediato. El término se deriva del inglés dinky, que según el diccionario es matrimonio sin hijos. Se volvió sigla: DINK (Double Income No Kids - doble ingreso, no hijos).

Sobre estas parejas están poniendo cada vez más sus ojos quienes manejan los hilos del comercio, las ventas, la publicidad y el mercado aprovechando que son personas que, precisamente porque no tienen hijos, están dispuestas a invertir en todo aquello que refleje un estilo de vida sofisticado, moderno, interesante, entretenido y lleno de comodidad. Sus intereses personales y profesionales centra su atención. Quiere progresar, busca avanzar profesionalmente, viajar y estudiar antes que comprometerse con una familia.

A los dinkies, les atrae -y manejan muy bien los equipos multifuncionales, que les permitan oír música, hablar por teléfono, divertirse, filmar, tomar fotos, ver videos y comunicarse bidireccionalmente, todo al mismo tiempo o que sea compatible con otros equipos.

Nicolás Isaza, gerente de New Display Products de LG, sostiene que el segmento entre 25 y 35 años es el que más tecnología consume: “Es joven, tiene gusto por los productos electrónicos y cuenta con capacidad de pago”. Para él, una de las principales necesidades de los jóvenes ejecutivos es el entretenimiento. “El electrónico es el preferido en el hogar, así como la movilidad y la comunicación. En entretenimiento, están productos como el teatro en casa, las pantallas de plasma, los equipos de sonido, ahora con formato MP3. En cuanto a movilidad, la tendencia es que los ordenadores sean más pequeños y fáciles de cargar.Y que todo esto tenga un diseño atractivo y divertido los cautiva todavía más.

Los dinkies son personas de mente abierta que quieren conocer el mundo. De ahí que viajar, antes de tener una familia, sea importante para ellos. Además , es una forma para descansar del intenso trabajo.

Hay otro aspecto que identifica a estas personas: el cuidado estético para verse siempre bien y de su salud. Tratan de llevar un estilo de vida sano donde el ejercicio y la alimentación son fundamentales.

Visto desde este panorama, ya no se hablará de la generación X, Y o Z sino de los dinkies, que encuentran como recompensa a su excesivo trabajo poder invertir en sólo ellos.

La conformación de una familia tradicional es un objetivo que los ‘dinkies’ postergan casi hasta el límite de la capacidad reproductiva de la mujer. Así tienen tiempo de disfrutar de la vida en pareja y de aprovechar su preparación profesional desarrollando una carrera exitosa y productiva. Los hijos vendrán después. También las preocupaciones que de abuelo, como dirían en el hecho de pensar en el futuro pasados los 40 ya se verá, mientras tanto hay que invertir en sí mismo lo que se gana. Tal vez por eso es que todavía no piensan mucho en servicios financieros como seguros e inversiones a largo plazo.

18/04/2006

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1. Comentario de Thania Palestino

Hasta que no es nada mal visto, ni racista el hecho de no ser madre y vivir con tu pareja sin recibir apodos tercermundistas¡¡¡¡¡¡¡ Sin que la familia, amistades y sobre todo sociedad te recrimine, menosprecie, lastimere o juzgue por ser una mujer casada SIN HIJOS¡¡¡¡¡¡
Y comparto en absoluto lo siguiente de un artículo publicado al respecto…
“La decisión de no sumar un nuevo ser a un mundo que creen peligroso o miserable, o la convicción de sentirse incapaces de sostener la dedicación que un niño requiere, o la sospecha de que un hijo —un potencial tercero en discordia— puede amenazar un equilibrio que nos resulta satisfactorio (Piensen y luego actuen¡¡¡) Por el BIEN DE NUESTRO PLANETA Y EL PROPIO¡¡¡¡

Permalink 01 de Agosto de 2006 @ 21:39

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2. Comentario de Hugo Lorenzo López Gallegos

Es una buena y favorable forma de ver los beneficios que atrae el hecho de formar pareja y desempeñar economicamente bienes solo para la satisfaccion de dos personas incluso el formar una empresa entre los dos traeria multiples economias satisfactorias para todas las necesidades y mas.

Permalink 16 de Noviembre de 2006 @ 0:47

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3. Comentario de anónimo

Estoy de acuerdo con lo del artículo y no puedo creer que el hecho de que no tengas hijos ya sea motivo de discriminación. Corregiría una cosa, los dinkies no son muchos los dinkies los que postergan su maternidad/paternidad hasta el límite de la capacidad reproductiva de la mujer, sino que LA MAYORÍA de las parejas ni quiere tenerlos ni siquiera en esas circunstancias.
Soy adolescente, no me caen bien los chicos ni las personas de mi edad (en general obvio) y planeo no tener hijos en ningún momento de mi vida, aunque lo voy a tener que hacer lejos de mi entorno, quizás en otro país (soy argentino) debido a que vivo en una familia de clase media extremadamente conservadora. Gracias por dejarme expresar :-)

Permalink 08 de Enero de 2007 @ 3:27

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4. Comentario de Bauxita

Estoy de acuerdo con el articulo , tengo 31 años y mi marido igual, no veo que la mujer deba solo realizarse a travez de los hijos, en mi caso somos los dos profesionales universitarios y realmente seria muy dificil que un bebe encaje en nuestras vidas, nos gusta mucho vijar y creo que no es un acto de egoismo , mas bien lo contrario .Yo creo que no nos entienden pero es cuestion de tiempo ( yo tambien vivo en Arg. y vengo de una flia tradicional)
Saludos!

Permalink 03 de Febrero de 2007 @ 23:16

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5. Comentario de Roxana

He estado buscando sobre este tema en internet, pensaba que yo era una cucaracha rara y que nadie o pocas personas piensan como yo.
Tengo apenas 8 meses de casada y la gente ya me anda preguntando cuándo voy a tener hijos. Es más hay quienes dicen que mi edad (26 años) es la ideal para hacer bebes.
Sin embargo la maternidad no me intereza por el momento. Cuando me preguntan yo respondo que esperaré un año (pero pienso esperar mucho más), porque también necesito tiempo para saber si seré capaz de afrontar esa responsabilidad o no.
Durante muchos años he vivido con varias carencias económicas y afectivas. Ahora quiero disfrutar de la vida, de la comodidad, viajar y hacer todas las cosas que no pude hacer antes por falta de dinero.
Por otra parte debido a las carencias afectivas que he mencionado, hay una parte de mi personalidad que es muy agresiva y que en momentos explota, no sé si eso me llevaría en algún momento a ser una pésima madre y malograr la vida de alguien que no me pidió venir al mundo.
También considero que este mundo (lleno de racismo, violencia y desigualdades) es cada vez menos seguro para los niños.
Nací en Perú, que también es una sociedad conservadora en donde se enseña que la mujer se realiza por medio de los hijos, por lo que me resultó muy difícil mantener mi punto de vista durante todo este tiempo.

Permalink 20 de Junio de 2007 @ 16:39

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6. Comentario de Andrea

Es evidente que vuelven los comentarios sobre este tema,a pesar del tiempo transcurrido desde la publicación de la nota. Soy argentina, tengo 34 años y no es mi intención “postergar la maternidad” sino descartarla definitivamente. El hecho de vivir en un pais donde la “familia” DEBE estar compuesta por mucho más que 2 personas, no es fácil, más aun interactuando en una sociedad conservadora. La insoportable pregunta “cuándo vas a tener hijos” cada vez resulta más molesta y cada vez me resulta menos difícil, responder “nunca”. Eso sí, a aguantar las caras de sorpresa y hasta lástima, para no decir el estigma que a partir de esa respuesta me queda. Y ante la pregunta “por qué no querés tener hijos” sugiero esta respuesta, con otra pregunta: “y vos, por qué quisiste tener hijos?”. Se sorprenderán con las respuestas…

Permalink 18 de Julio de 2007 @ 23:24

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7. Comentario de kika

Me ha resultado muy gratificante descubrir que mi marido y yo no somos “bichos raros” ni “seres desnaturalizados” por no tener hijos sino “dinkies”. Tenemos 34 y 35 años respectivamente y acabamos de casarnos después de diez años de maravillosa convivencia. No creemos, ninguno de los dos, que un niño fuera a aportarnos mayor felicidad que la que tenemos ahora y en cambio si pensamos en las muchas obligaciones y sacrificios que comportan. Como otros participantes de este blog no queremos postergar la maternidad sino que la descartamos totalmente. Nos gusta nuestra vida tal como está y la disfrutamos todo lo que podemos, siempre que la salud y la economía nos lo permita. Comentario aparte merece la opinión de algunos de nuestros amigos y sobre todo amigas, que te miran con lástima y se permiten opinar y/o criticar una decisión tan privada como la nuestra. Yo también tendría mucho que decir y opinar sobre maternidades irresponsables (que las hay a mares) y me callo por respeto pero encuentro mucho peor traer niños a este mundo en senos de parejas con problemas o con madres stressadas o que sólo tienen hijos “porque toca” que no no tenerlos. Gracias por dejar expresar mi opinión

Permalink 19 de Julio de 2007 @ 21:42

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8. Comentario de Carmen

“Pareja Dinky” (Double Income No Kids Yet) o mejor aún, pareja mezquina.

La mujer de nuestro caso no tiene, por supuesto, ningún problema para quedarse embarazada de nuevo. Su pareja es perfectamente estable y feliz y el sueldo de su marido (ella no trabaja), sin ser nada del otro mundo, es más que suficiente para sostener una familia. Tampoco sufren el terrible lastre de una hipoteca. Son, en muchos sentidos, unos privilegiados. Al menos por comparación con otros muchos matrimonios.

Pues bien: no les da la real gana de tener más hijos. ¿Por qué? Según su versión oficial, para así poder darle a Íñigo -con sus diez años, muy criado ya- ‘todos los caprichos’. Como lo leen. Si fuese verdad resultaría vergonzoso, pero es que además es falso de toda falsedad: la única razón es que sin más niños se tiene más dinero en el bolsillo y más tiempo para uno mismo. Puro y sencillo egoísmo. No hay más.

Esta cuestión de las parejas mezquinas (quienes pudiendo tener hijos -en plural- deciden no tenerlos) puede analizarse, como mínimo, desde tres puntos de vista: los efectos sobre la sociedad en su conjunto (la estafa intergeneracional); lo que eso supone para el futuro del hijo único en caso de existir éste (Íñigo); y las implicaciones a largo plazo para la propia pareja que toma la decisión. Vayamos por partes.

LAS TRES ESTAFAS GENERACIONALES Y EL MINADO ECONÓMICO DE LA SOCIEDAD

La egoísta práctica dinky supone una estafa para tres generaciones distintas. A saber: para la generación de los propios dinkies, para la de los padres de éstos y (acaso la más grave) para aquella de la que deberían haber formado parte los hijos que nunca tendrán (o en nuestro caso, el solitario Íñigo). Es decir, para la exigua generación de los niños de hoy.

La estafa a los padres

En primer lugar nos encontramos con la estafa moral que supone para los abuelos de Íñigo el que, mientras ellos lucharon para sacar una familia adelante dando así a los dinkies la oportunidad de venir al mundo y desarrollarse como personas, éstos por el contrario y de forma egoísta deciden no asumir el mismo esfuerzo que sus padres y privar así a otros (sus potenciales hijos) de la existencia que ellos han disfrutado. Y eso tan solo para poder regalarse una vida mejor y menos esforzada (también mas triste y solitaria, pero ésa es otra cuestión).

A esa estafa moral se suma una segunda estafa de tipo más bien sentimental: se priva a los propios padres, tras una vida de trabajo y sacrificio en pos de sus dinkies hijos, de la posibilidad de ser abuelos, con toda la carga de frustración que eso supone.

Desde un punto de vista económico y social, lo que la dinky couple hace es profundamente insolidario, casi criminal. Sus padres invirtieron en ellos durante años, tanto en su manutención y necesidades básicas como en su formación académica. Estamos hablando de una gran cantidad de dinero que podrían haber empleado en proporcionarse una mejor vida. También les dedicaron incontables horas de trabajo y atención, tiempo que podrían haber gastado en sí mismos de haber decidido no tener hijos. Tomaron además críticas decisiones sobre su destino vital y profesional que muy probablemente no hubieran tomado de no tener que preocuparse de una familia. Es decir: sacrificaron tiempo, dinero y redujeron su horizonte vital para que ellos pudieran venir al mundo y llegar a ser adultos. Para darles la oportunidad de existir.

Con ello no sólo tuvieron el gozo único de ver crecer a su descendencia (¡ser padres!), sino que también brindaron a la sociedad nuevos trabajadores que sostuvieran las estructuras públicas, y jóvenes consumidores, imprescindibles para el crecimiento económico. Nuevos individuos, susceptibles de pensar en nuevos conceptos y de inventar nuevas tecnologías. O como mínimo individuos que demandasen dichos conceptos y tecnologías para que otros se vieran obligados a proporcionárselos. Trayendo al mundo niños e invirtiendo tiempo, esfuerzo y dinero en ellos, no sólo se realizaban como individuos sino que estaban invirtiendo en el sostenimiento futuro de TODA la sociedad y asegurando la transmisión cultural entre generaciones. Estaban, en definitiva, cumpliendo con la comunidad en un sentido material y respondiendo para con el propio legado cultural que ellos habían heredado de las generaciones que los habían precedido.

Sin embargo, ¿qué hace el dinkie? Éste, de forma miserable (y bastante cegata, puesto que no hay mayor felicidad que la de ser padre), decide no tener descendencia para poder ir más de vacaciones (y más lejos), comprar más artilugios de última tecnología y no perderse éste o aquél musical de moda. Para poder salir cuando quiera sin el ancla de unos niños y vivir con menos agobios y responsabilidades. Para permitirse más caprichos, mejor ropa, y dormir hasta más tarde. Para no cambiar pañales ni escuchar lloros. Para no tener problemas con un adolescente rebelde.

Con ello destruye la transmisión de su propia cultura y costumbres, condenándola a la extinción, hipoteca el futuro de pensiones y sanidad, y destroza las posibilidades de crecimiento futuro de la economía, dejando además (y esto es lo más importante) sin la posibilidad de existir y disfrutar de la vida a esos hijos que nunca tendrá, es decir, negándoles a otros seres humanos lo mismo que él ha disfrutado. Y hace todo eso en contraste con el lógico, natural y positivo comportamiento de sus propios padres. He ahí la gran estafa a los que le precedieron. Niega a otros lo que él disfrutó.

La estafa a la propia generación

Los dinkie también estafan a su propia generación. El mecanismo de esta estafa es muy simple, y ya está implícitamente explicado en el epígrafe anterior: mientras otras parejas invierten su trabajo, tiempo y fondos, y restringen el abanico de sus opciones vitales, teniendo una descendencia que transmita su cultura y haga funcionar la sociedad, ellos insolidariamente ponen en peligro todo lo anterior a cambio de su propio beneficio y comodidad. En este punto es necesario añadir algo muy importante: la terrible injusticia de que quienes cumplen con la sociedad, y con la herencia recibida, reciben prácticamente el mismo tratamiento fiscal, y obtienen finalmente la misma pensión, que aquellos que no contribuyen a la marcha de la comunidad sino que la ponen al borde del precipicio con su egoísmo. Y no sólo esto: además quienes son padres, y precisamente por haber decidido serlo, tendrán más difícil costearse un plan privado de pensiones cuando son ellos con su prole quienes están ayudando a que el sistema pueda seguir existiendo. Los que por el contrario, con su decisión de no traer niños al mundo, están abocando al sistema público de pensiones al hundimiento, son escandalosamente los que disponen de más dinero para proporcionarse una jubilación privada. Esta situación es una vergüenza total y una sangrante injusticia.

La estafa a las generaciones nacientes

Muy probablemente la peor de todas. ¿Recuerdan lo que mencionaba la madre del comienzo de la entrada? Ella había decidido no tener más hijos para, supuestamente, darle un mejor futuro a Íñigo. Pues bien, precisamente por la hipócrita decisión de tantas y tantas parejas como ellos (más de tres millones, según los últimos datos; tantas como parejas cumplidoras) la generación de Íñigo va a tener las cosas muchísimo más duras y difíciles a lo largo de su vida. No sólo Íñigo no va a disfrutar de ninguna ventaja, sino que todo va a ser peor para él de lo que lo fue para sus padres.

Y es muy fácil de entender. La gigantesca proporción de parejas mezquinas en nuestra sociedad está destruyendo la fuerza de trabajo española: se estima que en una sola generación el número de españoles autóctonos en edad laboral se va a reducir en un 35-40%: es decir, casi a la mitad. Un auténtico suicidio cultural; la muerte de una nación. ¿Los efectos? Además de tener que abrir las puertas a una inmigración astronómica (mayor proporcionalmente que la que sociedad alguna haya recibido nunca) tendremos un estancamiento del crecimiento económico (sin aumento poblacional no puede haber apenas desarrollo por no haber, ni aumento de la fuerza de trabajo, ni de la demanda y el consumo).

Éste estancamiento implica a su vez muy poca creación de empleo (menos oportunidades por tanto para Íñigo) y una mayor carga impositiva para todos los trabajadores. ¿Por qué? Porque al haber muchos menos currantes disponibles (por no haber nacido) las cargas públicas (crecientes además por el envejecimiento) se han de repartir entre menos individuos. Además de eso, al estar muy limitado el crecimiento, tampoco por ese lado se incrementan los ingresos del Estado (como consecuencia de los estancados beneficios empresariales) lo que supone, de nuevo, más peso en los hombros de los Íñigos de turno. Y todo eso mientras nuestro niño, ya adulto, ve agonizar su cultura y tiene que desarrollar su vida en una sociedad descoyuntada e irreconocible para él. Completamente distinta a la que conoció en su niñez. Muchas gracias, mamá, por no haberle dado hermanos a Íñigo. Te lo agradecerá eternamente.

He aquí la repugnante estafa a los niños actuales y a los que aún no han nacido.

UNA VIDA MUCHO MÁS POBRE E INESTABLE PARA ÍÑIGO

En el punto anterior hemos comenzado a ver como, en muchísimos sentidos, la vida de Íñigo va a ser muy difícil precisamente por el egoísmo mostrado por sus padres al no querer darle hermanos. Pero, además de la mayor carga impositiva sobre sus hombros; la sociedad desunida en la que habrá de vivir; la posibilidad de que él no disfrute de unos servicios públicos que sus padres sí conocieron; o las menores oportunidades laborales -además de tener que traer al mundo sus propios hijos y los que sus padres no trajeron-; también en un sentido familiar y sentimental su vida va a resultar significativamente peor.

Analicémoslo. Todos los autores, de izquierdas, derechas, o cualquier otra denominación posible, coinciden en que no existe red asistencial como la que ofrece la familia. Nunca ninguna para-estructura estatal va a poder ofrecer los ’servicios’ y el sostén económico que ofrece la familia a cada uno de los individuos que la forman. ¿En cuántas ocasiones la familia resulta fundamental para poder hacer frente a una mala racha económica? ¿Para incluso poder tener un techo sobre nuestras cabezas si las cosas van realmente mal dadas? Coincidirán conmigo en que en muchas ocasiones sin el empujón financiero de un familiar es imposible poner en marcha un negocio.¿Y cuántas veces un primo u otro tipo de familiar es la vía por la que encontramos un empleo? También son los familiares quienes dan consejo y nos brindan su experiencia, e incluso quienes nos cuidan en caso de enfermedad o accidente. Pues bien. Díganle adiós a todo eso: la famosa familia extensa española está herida de muerte y va a desaparecer en un par décadas. Olvídense de dar o recibir apoyo o ayuda de hermanos, primos, sobrinos o similares, porque todo eso va a dejar de existir. ¿Y saben quién no va a disponer de ello en absoluto? Exacto. Íñigo.

Íñigo puede irse olvidando de encontrar trabajo gracias a un hermano, o de recibir un préstamo de él si lo necesita. De quedarse en su casa. De montar un negocio juntos. De recibir el consejo o el apoyo moral del mismo ante un problema o una desgracia. Porque Íñigo estará solo. (Eso sí, antes habrá tenido ‘muchos caprichos’).

Estará solo también para soportar la carga (tanto en tiempo y dedicación, como en dinero) de sus padres cuando éstos sean ancianos. No podrá repartírsela con ningún otro. Y que no espere mucha ayuda del Estado porque, para entonces, los servicios públicos estarán quebrados precisamente por esa especie de política del hijo único espontánea que se da en España.

Pero las cosas no terminan ahí, porque Íñigo nunca sabrá lo que es formar parte de una gran cena navideña. Nunca irá al fútbol con ellos ni saldrán juntas su familia y la de su hermano. No sabrá lo que es tener cuñados o cuñadas. Todo eso, para Íñigo, será imposible. Pero, ¡eh!, de niño habrá disfrutado de una Playstation… Muchas gracias mamá.

Y no sólo lo sufrirá Íñigo. Supongamos que consigue una estabilidad sentimental y, él sí, forma una familia que merezca tal nombre. En tal caso, sus hijos nunca sabrán lo que es tener tíos que les enseñen y ayuden en la vida. Ni tendrán nunca primos. Y todo lo que antes hemos aplicado a Íñigo, se dará en ellos con todavía más fuerza. Que se lo agradezcan a su abuela.

¡Y qué decir si Íñigo nunca llega a tener dicha pareja estable y definitiva! (Algo, por otra parte, tan común) En ese caso sí que estará absolutamente solo. Imagínense su madurez y su vejez. Imaginen su soledad y desamparo no sólo sentimental, sino también material: ni un hermano, ni un sobrino, ni siquiera un cuñado o cuñada viudos. Nada de nada. ¡Y que no le toque la desgracia de alguna enfermedad o accidente! De nuevo tendrá que agradecérselo todo a su madre, la cual, por su parte, jamás sabrá lo que es tener nietos. Y todo el cúmulo de experiencias, costumbres, cultura y sabiduría de esa familia morirá con ellos sin aprovecharle a nadie.

Estoy seguro de que, en su lecho de muerte, Íñigo le agradecerá a su madre todos los ‘caprichos’ que le dio de adolescente. La ‘mejor vida’ que le proporcionó al no darle hermanos.

LAS IMPLICACIONES A LARGO PLAZO PARA LOS PROPIOS DINKIES

Como bien señalaba Mark Steyn, en ninguna época como en la actual se vive bajo una ilusión de permanencia tan poderosa. La gente parece haber olvidado verdades tan evidentes como que todos hemos de envejecer y morir y que nada asegura que nuestra sociedad no se hunda y desaparezca como tantas otras a lo largo de la historia.

En particular, nuestros queridos dinkies parecen pensar que ellos van a ser jóvenes para siempre. En muchos casos ni siquiera se dan cuenta de que entran de lleno en esa categoría, la de parejas dinkies. Piensan que tienen tiempo, que aún son jóvenes. ¿Tiene mucho tiempo para tener hijos -noten el plural- una mujer que, con treinta y cinco años, se esté planteando tener el primero? Ya puede ponerse las pilas, y esperemos que la naturaleza no le gaste una broma cruel: el descenso de la fertilidad femenina comienza a partir de los 32 años aproximadamente…

¿Se les ha ocurrido pensar a nuestros mezquinos dinkies lo que se están perdiendo? Nunca sabrán lo que es ver crecer a sus hijos, a la sangre de su sangre. Nunca sabrán lo que es verles jugar, hacerse mayores, echarse novia o novio, darles nietos. Nunca sabrán lo que es todo ello. Nunca les verán imitar sus gestos o su vocabulario, ni tendrán la oportunidad de legarles toda su experiencia y de enseñarles a vivir. ¿A cambio de qué están renunciando a eso? ¿Unas vacaciones en Cancún? ¿Fines de semana en paradores? ¿Televisores de plasma? ¿Cambiar de coche más a menudo?

¿Y se han parado a pensar que nunca tendrán nietos?

Bueno, olvidémonos de todo eso. En lugar de apelar a sus instintos naturales, a sus sentimientos y a su sentido común, apelemos a su egoísmo, que parece que es la única emoción humana que les guía. ¿Han pensado en la vejez de soledad y desamparo que les espera?

Quizás sean de los que todavía se engañan pensando que siempre tendrán la Seguridad Social y los demás organismos públicos asistenciales. Si ese es el caso, será mejor que se vayan desengañando ya que, gracias a su decisión de no tener hijos (o de no tener más que uno), además de vernos obligados a retrasar la edad de jubilación de forma significativa, todos esos dispositivos públicos en los que confían van a estar bajo mínimos o directamente acabados. Y llegados a ese punto, y dado que no quisieron tener hijos, ¿qué apoyo económico y asistencial creen que van a tener?

Por otro lado, esperemos que enfermedades y desgracias les respeten en su vejez, porque si no, no quiero ni pensar por lo que van a pasar…

¿Y cuando finalmente les falte su marido o su mujer? ¿Son conscientes de la situación en la que quedarán entonces?

Bueno, supongo que siempre les quedará el chalé que pudieron comprarse con lo que ahorraron en incómodos bebés.

Permalink 27 de Mayo de 2008 @ 17:26

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9. Comentario de Debora

Hola pues yo solo quería dejar en comentario para los que les interese, quise saber que tanto ha llegado esta mentalidad a México y empece a preguntar a amigos cercanosy en una totalidad de aprox 50 personas, todos buscamos lo mismo y concordamos con los dinkys o mas bien somos parte de ellos.

Permalink 16 de Junio de 2008 @ 22:39

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10. Comentario de Mafalda

Hola, yo tengo dos ideas bastante realistas de este tema. 1 los hijos salen bastante costosos, 2 es egoísta de nuestra parte traer seres pequeñitos al mundo sabiendo que van a sufrir. El sistema es muy cruel, no es igual que cuando yo era niña, los niños no están seguros en ningún lugar. Tener hijos es sumar preocupaciones a nuestra vida y cohartar libertades.

Permalink 21 de Junio de 2008 @ 6:32

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11. Comentario de katia

hola .a carmen .. creo que eres una romantica de la maternidad y eso es respetable…yo creo que los hijos son una eleccion , no una obligacion,,,y quien elige tenrlos que se dedique a ellos , bien. quien no los quiere ,,que ?a la fuerza’?no esta bien..quie n tee asegura que tus hijos te cuidaran en la vejez?..en este mundo globalizado si tu hijo trabaja en japon, dejara su familia, su trabajo, su vida para irte a cuidar en la vejez?….no creo y seria EGOISTA de tu parte pedirselo,,

Permalink 13 de Julio de 2008 @ 17:59

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12. Comentario de katia

ademas….los hijos no se tienen para que los abuelos se entretengan,…y el sistema de seguridad debe ir adaptandose a esta nueva posicion de las parejas ,,,

Permalink 13 de Julio de 2008 @ 18:04

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13. Comentario de Daniel

Respuesta a Carmen: Carmen,bonita.¿Por qué no vives tu propia vida sin juzgar ni criticar a los demás? ¿Quién te crees que eres? Si tanto te gusta tener hijos, ten tu todos los que quieras y respeta a los que no deseamos tenerlos.

Permalink 21 de Julio de 2008 @ 5:59

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14. Comentario de SELENE

Ya lo he dicho antes hay que vivir y dejar vivir, cada quien tiene sus opiniones y forma de pensar, yo en lo personal tengo 23 años y para nada esta en mis planes tener hijos, pienso crecer profesionalmete, viajar mucho, comprarle a mi madre una casa y ayudar a mi hermana con sus estudios, publicar las historias que escribo en fin muchas cosas que la verdad con hijo me estancaría, ademas de que no les tengo nada de paciencia, por eso quisiera encontrar a un hombre con mi misma forma de pensar.

Permalink 15 de Agosto de 2008 @ 18:17

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15. Comentario de Daniel

Carmen:No me he quedado satisfecho con lo que te escribí hace unos días quiero añadir algunas cosas:
En primer lugar, ya que tu te atreves a llamarnos “mezquinos, egoistas y cegatos” yo te voy a llamar dogmática, intolerante y egoista. Tu eres la mayor egoista, que piensas que hay que tener hijos para que nos paguen la jubilación y nos cuiden y acompañen en la vejez.Y además eres una hipócrita, que disfrazas tu egoismo con palabras altruistas.

El problema mas grave al que se enfrenta el mundo es el vertiginoso crecimiento de la población, un crecimiento desmedido y cada vez mas acelerado al que habrá que poner freno por el bienestar y la propia supervivencia de la humanidad y de nuestro entorno. No tenemos mas que mirar a nuestro alrededor para comprobar como ese crecimiento excesivo e incontrolado unido a otros factores está esquilmando los recursos naturales y destruyendo paisajes,contaminando salvajemente. Estamos devorando la tierra, y el exceso de población es una de sus causas.

Es posible que los que hemos elegido no contribuir a la “superpoblación”de nuestro planeta seamos algo egoistas. Todos lo somos de alguna manera. Yo lo soy: Quiero vivir en un mundo menos contaminado, menos ruidoso, menos masificado, menos competitivo. Quiero vivir un poco mas tranquilo y menos estresado de lo que la sociedad me impone. Mi decisión de no tener hijos es mi “granito de arena”, mi pequeña parcela de libertad para contribuir a todo ello. Y no tolero que nadie me juzgue por ello.
Me considero una “víctima” por formar parte de la generación del “baby boom” en España. La masificación ha estado presente siempre y ha constituido un problema importante en mi vida. En los estudios, para estudiar una carrera, para conseguir un trabajo, para conseguir una vivienda digna.
Actualmente, el coste de la vida es tan alto que dos sueldos no suponen precisamente vivir en la abundancia. Simplemente garantizan vivir con una cierta dignidad sin demasiados agobios económicos. Y de ningún modo me planteo no tener hijos para comprar el último modelo de televisor o un coche mas lujoso. Pero si me lo plantease asi no creo que nadie tenga derecho a juzgarme. Es mi decisión. Es mi vida. Y nadie tiene que decirme como tengo que vivirla ni criticarme por ello. Pero si lo hacen me siento atacado. Y, vuelvo a repetir,no lo tolero.

Y para terminar te vuelvo a decir: Carmen, preciosidad, ya que tanto defiendes la procreación, no pierdas el tiempo escribiendo un texto tan extenso como el que has expuesto en esta página y ve corriendo a predicar con el ejemplo: Procrea. Espero que tengas todos los hijos que deseas y seas muy feliz, pero por favor, dejanos a los demás ser felices a nuestra manera. O al menos, intentarlo. Vive y deja vivir.

Permalink 04 de Septiembre de 2008 @ 1:50

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